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360 Opinión > lunes, 17 de septiembre de 2012
Chávez no toma güisqui
 
 
 
La "revolución" de Chávez no es el principio sino el fin de un ciclo que no terminará hasta que todos los venezolanos hayamos aprendido ciertas lecciones básicas. Y cuando digo "todos" me refiero a los venezolanos sin excepción.

Yo he escrito sobre un comentario de mi querido Rabino Pynchas Brener, de que en Venezuela la crisis, más que política, económica y social, es de valores. Y voy más allá: me pregunto si alguna vez, como colectivo, hemos tenido valores. Venezuela tiene la ventaja de ser uno de los países más igualados del mundo, aquí no hay clasismo ni racismo. Pero esa ventaja a la vez es una desventaja, porque como el ascenso social es netamente económico, el dinero abre puertas, lava reputaciones y compra conciencias.

Las puertas de las oficinas y casas de los empresarios, de los colegios más exclusivos y de los country clubes de todo el país se abren ante cualquier manifestación de abundancia de dinero. Y aunque eso no es nada nuevo -los españoles en la Colonia vendían indulgencias, títulos nobiliarios y certificados de limpieza de raza- que desaparezca de nuestro fenotipo es una condición sine qua non para adecentar el país.

Aquí en Venezuela la elite educada -con contadas y valiosas excepciones- no quiso meterse en política. Y la plutocracia prefirió domesticar a sus sigüíes y manejarlos a control remoto. Los invitaban, los enseñaban a beber güisqui y los aburguesaban. El resto era coser y cantar. Hasta que llegó Chávez.

Recuerdo que en una de sus interminables cadenas (sí, soy de las masoquistas que ven las cadenas) dijo algo como: "esos burgueses creyeron que me podrían manejar dándome güisqui... señores, ¡yo no tomo güisqui!".

El asunto con Juan Carlos Caldera -quien creo que cayó más por ingenuo que por malintencionado- tiene que ser una lección: que la honestidad, la rectitud y el deber ser no tienen precio y la diferencia entre los pranes y los que compran y venden su dignidad es que unos están presos y los otros se pasean libremente por las calles y cenan en el Country Club.

Aplaudo la actitud de Capriles de separar a Caldera de su proyecto y exigir una investigación. La impunidad nos ha hundido en un mar de excremento. Solo la claridad, la transparencia, el exigir rendición de cuentas y el actuar con dignidad nos sacarán de él. Hay un camino.