RSS Facebook Twitter
Noticias de última hora
 
360 Habitantes > lunes, 10 de septiembre de 2012
De que vuelan, vuelan… el astrologo José Bernardo Gómez analiza Las explosivas señales del cielo
 
 
 
LOS HECHOS
El mes de agosto abrió y cerró con luna llena. No ocurría una situación parecida desde diciembre de 2009, y no volverá a presentarse algo similar hasta julio de 2015. La intensa iluminación de nuestro satélite, y su cercanía a la Tierra, produce alteración en los fluidos que recorren el planeta y sus habitantes, provocando modificaciones climáticas, elevación de las mareas y cambios en el comportamiento humano. El mes nos trajo mucha lluvia, desbordamiento de ríos, deterioro de infraestructura vial y aislamiento de poblaciones.
Lo más estremecedor de la doble luna fue la explosión y posterior incendio en las instalaciones del Centro de Refinación de Paraguaná, en la madrugada del pasado sábado 25 de agosto, con lamentable saldo de víctimas dentro y fuera del recinto, así como las cuantiosas pérdidas materiales, en la refinería y sus alrededores. Tal acontecimiento ocurrió cuando confluían en el cielo factores astronómicos, cuya simbología describe las situaciones vividas.
Apenas 36 horas antes de la tragedia, el planeta Marte había ingresado en Escorpio, símbolo asociado con violencia soterrada y agresión oculta. 17 horas antes de la explosión ocurrió la oposición entre el Sol y Neptuno; esta confrontación astral está relacionada con la confusión, lo gaseoso, lo etéreo y la pérdida de realidad. 15 horas antes del evento comenzó la fase creciente de la Luna, formando un triángulo con la ya difícil oposición Sol-Neptuno. Por si fuera poco, se mantenía en la esfera celeste la combinación de la fuerza explosiva e inesperada de Urano y la mortífera energía de Plutón.
La confluencia de todos esos astros proporciona una clara descripción de lo acontecido: el factor sorpresa unido a la violencia, el fuego, la muerte, la destrucción, la dispersión de gases, la concentración de humo contaminante y la confusión, todo cubierto bajo el manto oscuro de la noche. El psiquiatra suizo Carl Jung y el Premio Nobel de Física Wolfgang Pauli ofrecieron una estupenda explicación para estos fenómenos de extrañas coincidencias sin relación causal, conocido como “principio de sincronicidad”, que ahora nos permite relacionar los fenómenos cósmicos con estos sucesos terrenales.
TRAGEDIAS EXPLOSIVAS ANTERIORES
El 19 de diciembre de 1982 se produjo una gran explosión, debido a la impericia en la conducción del combustible que proveía la empresa estatal Pdvsa para surtir los tanques de almacenamiento de la Electricidad de Caracas, en Tacoa. Horas más tarde, el equivocado manejo de la emergencia produjo una segunda y más desastrosa explosión que afectó al personal de apoyo y periodistas que allí se encontraban, cubriendo la novedad. La tragedia, y su mal manejo, acabó con la vida de 180 personas, superando en más de cuatro veces las víctimas fatales de Amuay.
También en el cielo de aquella trágica fecha estaba presente una especial configuración planetaria. La Luna había provocado un eclipse solar cuatro días antes, como presagio de la tragedia que se avecinaba; 14 horas antes de la explosión se había producido la conjunción entre Sol y Neptuno, los mismos astros y la misma simbología que en Amuay (confusión, gases, fuego y muerte); y el violento Marte, junto a la Luna, detonaba la inesperada explosividad del momento.
El 28 de septiembre de 1993, cerca de Tejerías, en la Autopista Regional del Centro, ocurrió otro trágico evento de grandes proporciones, cuando una empresa contratista, de la recién privatizada Cantv, ejecutaba una errática operación en la instalación de fibra óptica, causando la explosión e incendio de tuberías de gas, con lamentable saldo de medio centenar de fallecidos. Aquel fatídico septiembre también estuvo caracterizado, como ahora, por la presencia de dos lunas llenas, comenzando y terminando aquel mes. Marte, tal como ahora, tenía unas 30 horas de haber ingresado en Escorpio; y se producía una exacta conjunción entre Urano y Neptuno, evento que ocurre una vez cada 172 años.
LO NUEVO Y LO VIEJO
En la trágica experiencia de la Refinería de Amuay encontramos una llamativa coincidencia de la configuración del cielo con las catástrofes ocurridas, tanto en Tacoa como en Tejerías. En los tres eventos encontramos un enorme protagonismo de Neptuno y Urano, una ubicación dominante del agresivo Marte y la disposición de la Luna, como gran detonante de los hechos. A pesar de lo impactante del suceso de Paraguaná, su consecuencia, medida en cantidad de víctimas fatales, resultó muy inferior al de Tacoa y similar al de Tejerías, lo cual indica que la respuesta a la contingencia fue rápida, responsable y exitosa.
Llama poderosamente la atención las críticas y agoreras voces oposicionistas en torno a esta tragedia. Las acusaciones de negligencia, ineptitud e ineficiencia emitidas por quienes (lo viejo) hace una década causaron grave daño a la economía nacional y al país todo, con el paro-sabotaje petrolero, contrasta con la realidad actual (lo nuevo), en que gerencia, obreros, bomberos y guardias nacionales sí actuaron responsablemente, con rapidez y eficiencia, evitando pérdidas mayores en las instalaciones y en la población cercana. Sin mirarse en ese espejo, del único camino (barranco) por el que nos lanzaron a todos, ni recordar lo ocurrido en Tacoa hace tres décadas, cuando ni la empresa privada, ni la industria meritocrática, ni las instancias gubernamentales, pudieron o supieron manejar eficientemente la contingencia inicial, ocasionando males mayores; y sin que posteriormente se prestara tan rápida asistencia a víctimas y familiares, como ahora. Eran tiempos cuando los medios privados llamaban a la calma y comprensión, y se solidarizaban con la empresa, con sus trabajadores y con las víctimas, muy diferente al triste y lamentable papel que hoy cumplen.
 
LO POR VENIR
Las tragedias gasíferas del 82 y 93 antecedieron a catástrofes económicas. La de Tacoa, por un par de meses, al viernes negro del 83; y la de Tejerías, por un trimestre, al de la crisis bancaria del 94. La nueva experiencia de Amuay, ocurre a escasos 42 días de la batalla presidencial y debe servir de alerta ante cualquier nueva embestida de factores desesperados, que pudieran atentar contra la economía nacional, poco después de las elecciones. Ya los amos y analistas del norte lo habían advertido y un connotado encuestólogo lo había aconsejado: ante la enorme ventaja del candidato Presidente, sólo eventos inesperados, de gran impacto y con jugadas arriesgadas, podrían darle alguna posibilidad de remontar la cuesta (y la encuesta) al endeble candidato.
Amuay ha sido un costoso ejemplo de cómo la Revolución Bolivariana ha sabido enfrentar las adversidades. En este decisivo mes de septiembre Marte seguirá afilando su ponzoña para clavar el veneno de forma escondida y traicionera. Pero, su llegada al optimista y fogoso signo de Sagitario, el mismo día electoral, nos permite concluir que todas estas malintencionadas mañas, de los frustrados enemigos de la patria, serán superadas, para seguir viviendo y venciendo, por siempre.