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360 Habitantes > jueves, 27 de diciembre de 2018
Venezuela 10-01-2019: constitucionalidad y retos del socialismo por Yldefonso Finol
 
 
 
Venezuela lleva dos décadas andando al filo de la navaja, en el ojo del huracán, en el mero centro de la diatriba global sobre la pertinencia de la soberanía y el socialismo. El advenimiento de la era “Chávez” en el principal almacén de energía para la insaciable máquina imperialista, no podía suceder sin que se activasen todos los mecanismos para frustrar el proyecto bolivariano.
Lo nuestro es una espiral de incertidumbres, agravadas en el último lustro, entre otras razones, por la pérdida del conductor fundamental del proceso, y la combinación letal de errores de concepto en el modelo económico más la conspiración transnacional que dislocó el mercado interno vía destrucción del poder adquisitivo y escases de bienes.
El resultado ha sido demoledor, una tenaza macabra formada por dos terribles trituradoras del bienestar: macrodevaluación e hiperinflación.
Está claro que la estamos pasando mal y esto hay que mejorarlo con urgencia. 
 
II
 
¿En qué nos equivocamos?
 
Conceptualmente el modelo implementado adoleció desde sus inicios de tres vicios que lo hicieron inviable:
 
-       Adoptar la visión liberal burguesa de que el ingreso petrolero que percibe el país es “una renta que nadie produce”; frasecita repetida mecánicamente por ministros y altos cargos como si se tratase de un mantra o letanía, vacías de contenido, porque nunca explicaron científicamente en qué consistía ese cacareado “rentismo” y en qué hechos concretos se traduce para la vida de la ciudadanía. Recalco que esta tesis, flácida por demás, no sólo es antimarxista sino que echa por tierra toda la concepción del valor trabajo, puesto que niega (o ignora) la plusvalía y la ganancia misma como resultado de la combinación de los distintos factores de producción, donde el uso de la tierra es uno de ellos, pero no el todo. Esto hay que debatirlo en un espacio y tiempo suficiente y pertinente.
 
-       Se impuso una concepción “sentimental”, voluntarista, según la cual “la empresa socialista no requiere producir ganancias”, porque los bienes son derechos y no mercancías, que deben llegar al pueblo a toda costa. Este disparate esotérico dejó en el camino un montón de fábricas quebradas, cerradas, destruidas; capital dilapidado, por tanto, trabajo previo desperdiciado y causa de pobreza.
 
-       Con la idea loca de que “en Caracas cabe otra Caracas”, se dedicaron ingentes recursos a inversiones improductivas en juguetes para el confort de una masa humana cada vez más atosigada en la urbe que todo debe comprarlo a la parasitaria burguesía comercial importadora. Lejos quedaron las ideas originales del “eje Orinoco-Apure” y otras utopías llamadas a potenciar el carácter productivo ancestral del pueblo venezolano.
 
Estos tres gazapos –junto a confusiones ideológicas idealistas- complicaron la fórmula del modelo productivo que la revolución estaba obligada a crear y desarrollar; confusionismo que aún observamos en consignas como “Venezuela potencia” y “la Venezuela post petrolera” o “post rentista”, que parecen ingenuas pero que verdaderamente son nocivas para la necesaria comprensión del fenómeno económico nacional, toda vez que se contradicen escandalosamente con la fanfarria de la “primera reserva petrolífera del mundo”.
 
III
 
Una caracterización de las condiciones objetivas de nuestra situación económica nos llevaría a plantear como objetivo estratégico realizable, eso que luce obvio de toda obviedad, convertirnos en potencia petrolera, con aspiraciones a incorporar la mayor cantidad y mejor calidad de valor agregado a nuestra materia prima, lo que algunos llaman el desarrollo aguas abajo o –dicho de otra forma- la diversificación de los productos derivados del crudo con énfasis en la industrialización interna.
 
Este propósito soberanista y pragmático, implica la implementación de audaces alianzas que a la vez fortalezcan a Venezuela como afinque del bloque anti hegemónico internacional.
 
¿Qué habría que agregarle al plan de ser la principal potencia petrolera de la región y una de las más importantes del planeta? Un ingrediente que nunca debió descuidarse: la producción suficiente de alimentos, para lo cual tenemos inmensas ventajas comparativas y una ancestralidad digna de reinventar y reivindicar en un plan agresivo y heroico que sólo será posible llamando a asumir esta tarea vital como acto de militancia patriótica, amén de constituir las básicas condiciones materiales que estimulen y viabilicen el reto. Esto exige también replantearnos la ocupación del territorio y la distribución poblacional, hasta ahora descuidadas peligrosamente.
 
Un error adicional que –en mi humilde opinión como economista- se viene cometiendo recientemente, es otorgar poderes mágicos a las jugadas monetaristas; eso no funciona, al menos aisladamente, desde la década del veinte del siglo XX. No se podrán corregir problemas estructurales de la economía real, con artificios desde lo simbólico, y menos en una economía asediada por los poderosos tentáculos del capital financiero con un portaviones enemigo pegado a nuestro ser por 2.219 kilómetros de fronteras.  
 
IV
 
¿En qué no nos hemos equivocado?
 
No nos hemos equivocado en emprender un proyecto político que se erige sobre los tres pilares fundamentales de la Doctrina Bolivariana: el antiimperialismo, la igualdad social y la democracia popular. Si no hemos alcanzado la “mayor suma de felicidad y de estabilidad” es precisamente porque la confrontación con el enemigo histórico ha implicado la distracción de grandes esfuerzos en sostener el poder político, retrasando las grandes transformaciones.
 
No nos hemos equivocado en destinar una gruesa tajada del ingreso nacional a pagar parte de la deuda social que se tenía acumulada con los sectores más vulnerables: la alfabetización al 100%, la masificación de las oportunidades de estudio en todos los niveles, el desarrollo de un sistema de salud envolvente de toda la población, el fomento de múltiples expresiones de la cultura y los deportes, la construcción masiva de viviendas y obras de mejoramiento habitacional, en fin, el conjunto de misiones sociales que en la coyuntura de bonanza llegaron a reducir a mínimos históricos los niveles de pobreza.
 
No nos hemos equivocado en poner en práctica una política exterior bolivariana basada en el Equilibrio del Universo, promotora de un mundo multipolar, que propugna y practica los principios de soberanía, autodeterminación de los Estados, solidaridad entre los pueblos, cooperación internacional, respeto del multilateralismo, amante de la paz y la convivencia, la solución pacífica y negociada de las controversias, y profundamente comprometida con la defensa de los Derechos Humanos, la preservación de las condiciones naturales para la vida en el planeta y el establecimiento de un nuevo orden socioeconómico justo, que supere el actual desajuste entre países de la abundancia y el despilfarro frente a naciones hambrientas y ensangrentadas por la opresión y las guerras imperialistas.  
 
No nos equivocamos en impulsar la integración y unidad latinoamericana y caribeña, con logros momentáneamente estropeados por el servilismo pitiyanqui de algunos gobernantes, pero que la historia y los pueblos siguen reclamando su concreción.
 
No nos hemos equivocado en la opción del socialismo como ideal que mueve las consciencias por un mundo mejor y una sociedad cada vez más inclusiva, justa y solidaria. A ese sueño nunca renunciaremos; él es horizonte de nuestra andadura hacia la utopía de la igualdad.
 
Sin duda que la razón histórica está de nuestra parte, más allá de las victorias electorales que los enemigos del socialismo en el mundo se apresuran a celebrar como definitivas, siendo que son un resultado pírrico del engaño mediático global con pies de barro impuesto por las armas ideológicas del capital monopolista.
 
V
 
El reto del socialismo en la fase reformista que trata de hacer una mejor distribución de la riqueza social sin afectar a fondo el modo de producción capitalista, es un camino pedregoso, zigzagueante y resbaladizo, del que ningún experimento ha salido ileso. Equidad sin productividad: la ecuación imposible. La misma producción que requiere sobreexplotar al ser humano como fuerza productora y como masa consumidora -par dialéctico que es el núcleo de las crisis de sobreproducción típicas del capitalismo-no alcanza para satisfacer al colectivo en la distribución socialista, porque obligatoriamente la producción debe dar un salto cualitativo a la nueva forma de relacionarnos. Bolívar nos habla de “siervos para el trabajo y simples consumidores” en su iluminada Carta de Jamaica El sistema dominante genera más necesidades insatisfechas que bienes y servicios disponibles. La lógica capitalista ata las manos al voluntarismo socialista, en el entendido que distribuir mejor es sólo un avance dentro del mismo sistema.
 
Es el desiderátum pendiente por realizar, para lo cual, es menester confrontar dos lacras que hasta hoy fueron subestimadas o alcahueteadas: el burocratismo con sus ribetes oportunistas-arribistas, y la corrupción.
 
VI
 
Este 10 de enero de 2019, el Presidente Nicolás Maduro debe juramentarse para su nuevo período, según lo obliga el Artículo 231° de la vigente Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, mismo que prevé hacerlo ante el Tribunal Supremo de Justicia en caso de situación sobrevenida que impida hacerlo en la Asamblea Nacional.
 
Por esta vez, el Presidente también tiene la opción extraordinaria de formalizar su investidura ante el Poder Constituyente reunido en la Asamblea Nacional Constituyente en la que la oposición se negó a participar.
 
Esos sectores opositores, fraccionados como el mercurio en el suelo, con mayoría en la cuestionada Asamblea Nacional, seguro harán su ritual tal como el 219° constitucional les establece para el 5 de enero; ojalá lo hagan sin las atolondradas actuaciones de años anteriores donde pretendieron “tomar el cielo por asalto” sin la suficiente poesía para entender los miles de aleteos que le cuesta al colibrí una sola gota del néctar de la vida.
 
 
 
Yldefonso Finol
 
Constituyente de 1999