RSS Facebook Twitter
Noticias de última hora
 
360 Habitantes > domingo, 25 de noviembre de 2018
Otra jornada negra para el fútbol argentino en Página 12
 
 
 
Luego del ataque a los jugadores de Boca, la Conmebol postergó dos veces el inicio del partido y, finalmente, tras la presión de los visitantes –que no querían jugar en esas condiciones– determinó la reprogramación para hoy a las 17 en el mismo escenario.
Si el descontrol se adueñó de la jornada de ayer tras los piedrazos y botellazos al micro de Boca en las cercanías del Monumental, lo que le siguió no modificó esa tónica. La lista es larga. Reprogramación del encuentro para unas horas después, silencio dirigencial; Carlos Tevez y Fernando Gago dejando en claro la postura de “no jugar” de su equipo; Pablo Pérez en el hospital; nueva reprogramación del partido; utileros de Boca poniendo los conos en el campo de juego para hacer el precalentamiento; Daniel Angelici informando que la suspensión la iba anunciar Conmebol; el presidente de Conmebol confirmando la postergación para hoy a las 17; Rodolfo D’Onofrio escapando de las corridas en el anillo interno del Monumental mientras los desmanes se hacían presentes en los alrededores; y, por último, la clausura del estadio, que la dirigencia de River esperaba anoche poder levantar.
“Nos tiraron gas pimienta”, alcanzó a decir el Pipa Benedetto cuando el plantel de Boca se metía en el vestuario visitante tras bajar del micro. Acto seguido, mientras surgían las versiones de que había jugadores con vómitos, se daba inicio a la danza de declaraciones. “Fue un desastre total, hay jugadores heridos, cortados. Vamos a hablar con la gente de Conmebol porque hay jugadores que no están para jugar”, contaba Cristian Gribaudo, secretario general de Boca, uno de los primeros en declarar. Pero al parecer, la gestión no fue exitosa, porque tras la reunión de los dirigentes, Conmebol anunció que la final se posponía para las 18. “Quiero un responsable de esto, pero el partido se tiene que jugar”, habría dicho Gianni Infantino, presidente de FIFA presente en el estadio.
A todo esto, Pablo Pérez y Gonzalo Lamardo, los futbolistas más afectados por los gases y vidrios rotos, se trasladaban a un sanatorio de la zona a hacerse ver las heridas. “Primero, decirles a nuestras familias que estamos bien, la mayoría estamos bien. Hay tres o cuatro jugadores que tienen heridas leves. Estamos incomunicados en el vestuario y se hace muy difícil. Es una situación donde nos están obligando a querer jugar el partido y hay compañeros con un parche en el ojo (por Pérez)”, declaró Tevez quien, acompañado por Gago, rompió el silencio para hacer pública la postura de su equipo ante la reprogramación del encuentro. Pero ellos tampoco lograrían su cometido, al menos inmediatamente: Conmebol no suspendía el encuentro sino que le cambiaba nuevamente el horario, para las 19.15.
 
Finalmente, cerca de esa hora, la batalla campal entre barras y policías se hizo presente en los alrededores del estadio y obligó a la esperada suspensión. Pero no faltó el suspenso ya que Angelici no quiso confirmarlo: “Lo va a comunicar Conmebol”. Efectivamente, Alejandro Domínguez, mandamás de la confederación, lo hizo minutos después. Luego, el presidente de Boca aclararía lo sucedido. “En la primera reunión acordé que se iba a jugar, pero después pasé por el vestuario y vi a nuestros jugadores y consideré que no se podía, por eso pedí la segunda reunión. Por eso pedimos las suspensión, nosotros los partidos los ganamos o perdemos adentro. Esperemos que mañana se pueda jugar en paz”, explicó el dirigente.
 
Más tarde, cuando fue el turno de hablar de D’Onofrio pasó lo inexplicable. Mientras el presidente de River declaraba a la televisión, un grito de alerta lo obligó a salir disparado a resguadarse ya que en los pasillos del estadio comenzaban las corridas porque hinchas se metieron a las instalaciones, lo que llevó a la posterior clausura del Monumental.
 
Cuando las aguas habían bajado y el plantel de Boca se aprestaba a retirarse del estadio –recién a las 21, tras esperar a que las condiciones de seguridad estén garantizadas–, Benedetto y Tevez se encargaron de recalentar lo sucedido. “Que le den la Copa a River, que parece que tiene tanto peso en la Conmebol”, disparó el Pipa. “Si fuese Boca, ya estábamos afuera. ¿En La Bombonera no fue así?”, lo acompañó Tevez. Lo que se dice una dupla de ataque en sintonía, al menos en lo discursivo.
Los violentos hicieron lo suyo Volvieron a ganar
 
La batalla se perdió hace tiempo. La enfermedad de la violencia en el fútbol no tiene remedio posible. Los hechos siguen ocurriendo y la reacción siempre es tardía. La impotencia y la desazón fueron dominadores ayer de lo que ocurrió en Núñez, cuando todo estaba preparado por una fiesta futbolística. Las cerca de 70 mil personas que esperaban ansiosas en el estadio Monumental tuvieron que retirarse sin poder presenciar la final de la Copa Libertadores, por un grupo que atacó el micro que trasladaba a los jugadores de Boca cuando estaba llegando al club. La demora en tomar la decisión fue el tiempo donde transcurrió todo tipo de suspicacias de lo que podía ocurrir con la revancha.
 
Las primeras informaciones hablaban de piedrazos sobre el ómnibus, pero a medida que pasaron los minutos se fue comprobando que era algo mucho más serio. La gente de River no sabía lo que estaba ocurriendo, y estaba preparada para el inicio del juego, algo que nunca sucedió.
 
La tensión fue en aumento en la cancha, y los nervios se fueron apoderando de muchos hinchas. El descontrol se dio cuando a las 19.23 se oficializó que el encuentro se había suspendido. La pelea entre barras y la policía en el cruce de Av. Del Libertador y Udaondo se conocía desde hacía varios minutos, y las corridas se fueron moviendo hasta dentro del estadio.
 
El objetivo de los violentos estaba claro: que el partido no se juegue y provocar la suspensión del estadio. La maniobra estaba pensada desde el allanamiento del viernes a la casa de uno de los integrantes de “Los Borrachos del Tablón”. En ese domicilio se encontraron 350 entradas y siete millones de pesos. Como el negocio de la barra se había truncado, la decisión de provocar todo lo que ocurrió ayer estaba tomada.
 
A pesar de que no se identificaron aún a los agresores al micro, serían barras bravas que tenían la zona liberada para agredir a los jugadores visitantes, y a partir de ahí trabar el comienzo del partido. Curiosamente, la barra no estuvo dentro del escenario por lo que sucedió el viernes, y los hechos se produjeron en las adyacencias. Inclusive, intentaron por la fuerza ingresar al anillo del estadio, y provocaron el terror en el resto de los simpatizantes, y muchos que se encontraban con menores.
 
Lo que sucederá con el partido –anunciaron que se utilizarán las mismas entradas para hoy– es una incógnita, mientras la vida de estos delincuentes no sufrirá modificaciones.