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360 Habitantes > miércoles, 31 de octubre de 2018
Se fue Teodoro Petkoff, la voz crítica de la política… por Enrique Rondón Nieto
 
 
 
“El catire del Batey”, la eterna voz crítica de la política. Estuvo en el Partido Comunista hasta que criticó la invasión de Checoeslovaquia. Fue uno de los fundadores del Movimiento al Socialismo y se retiró cuando esa agrupación apoyó a Hugo Chávez. Era un inconforme y gran amigo.
Teodoro Petkoff nació el 3 de enero de 1932 en El Batey, municipio Sucre del Estado Zulia. Era quizás, el único catire de la región.
Desde muy joven se involucró en política. “Soy un hombre de izquierda, nunca he dejado de serlo”. Formó parte de la línea dura del Partido Comunista de Venezuela hasta agosto de 1968, cuando la entonces Unión Soviética invade a Checoeslovaquía y entiende que el comunismo no es un jardín de rosas.
 
“Rompimos con ese partido porque era prosoviético y, desde luego, nos dijimos que lo que existía en la Unión Soviética no era lo que queríamos para nuestro país. Reivindicamos la necesidad de una visión socialista, pero democrática. Habría que decir ‘pero’ democrática porque el socialismo en aquella época, era asociado al único movimiento conocido: el soviético, que no es un modelo democrático”. (Shirley el periodismo continúa, Shirley Varnagy, Editorial Planeta, Caracas 2014).
 
Estuvo en la lucha armada en la década de los 60, lo que posteriormente calificó de “izquierda equivocada”. Esa equivocación lo llevó dos veces a prisión y a ser protagonista de espectaculares fugas. La primera fue del Hospital Militar el 29 de agosto de 1963 y luego, del Cuartel San Carlos, a través de un túnel el 7 de febrero de 1967, en pleno Carnaval. En 1969 se acogió al llamado de pacificación del presidente Rafael Caldera, de quien luego fue ministro de Coordinación y Planificación, Cordiplan (14/3/1992 – 2/2/1999).
 
“Nos tocó participar en Cordiplan en un momento en que se vivía una profunda crisis económica, de tal manera que yo me pasé los años de Cordiplan ‘apagando candelas’ (…) tratando de cambiar las cosas, de manera de contribuir al desarrollo de una nueva manera de hacer política económica en el país. Pero básicamente estábamos tratando de evitar que la crisis se expandiera, y de hecho la apagamos. Chávez pudo heredar un país económicamente más estable…” (Shirley Varnagy, opus cit).
 
En 1971 fue uno de los fundadores del Movimiento al Socialismo, MAS, del cual se separa en 1998 cuando la agrupación decide apoyar la candidatura de Hugo Chávez Frías. “Los espero en la bajadita”, fue su despedida.
 
El periodista
En 1999 es nombrado director del vespertino El Mundo, una de las publicaciones de lo que era Cadena Capriles. El 13 de abril de ese año sale el primer número bajo su dirección. Quienes compartieron esos momentos conocieron a un Teodoro distinto. Nada que ver con ese que a veces salía en los noticieros peleando. En su libro “La Venezuela de Chávez, una segunda opinión” (“Un libro hablado” con Ibsen Martínez y Elías Pino Iturrieta, Gribalbo 2000) le dedica un buen espacio a esos momentos: “… nunca he sido el alma de la fiesta pero yo entraba a El Mundo y experimentaba un cambio de personalidad. Me hacía sentir bien, contento, y después cuando, a las 11:30 me llevaban el periódico, entonces me lo leía de cabo a rabo, y en la tarde le decía a los correctores de prueba ‘hay unos errores en tal o cual página’”.
 
Presiones políticas obligaron la salida de Teodoro de El Mundo en el año 2000 pero como ya estaba “picado” por el gusanito del periodismo, montó el diario Tal Cual, al que presionaron de forma tal que fue transformado en semanario.
 
También tuvo un programa de opinión en Globovisión, que dejó “por problemas de salud”.
 
Una de las presiones que tuvo en Tal Cual se expresó en una demanda multimillonaria con prohibición de salida del país. Por esa razón no viajó a España a recibir el Premio Ortega y Gasset por trayectoria profesional. Tenía opción de solicitar un permiso en el tribunal, “pero no le voy a dar el gusto a esos carajos”. El reconocimiento se lo entregó Felipe González en uno de sus viajes a Caracas. Ese era Teodoro, el terrible.
 
 
Los problemas de salud continuaron, las firmas de los editoriales se fueron alternando y Teodoro pasaba menos tiempo en la redacción. Poco a poco se fue apagando esa voz crítica que rechazó el golpe de estado que protagonizó Chávez y también criticó el intento de derrocamiento en abril de 2002.
 
Paz a su alma.