RSS Facebook Twitter
Noticias de última hora
 
360 Habitantes > lunes, 22 de octubre de 2018
Los intelectualoides por J.M Rodríguez
 
 
 
No voy a listar las importantes diferencias que separa el discurso de un político en funciones proselitistas, del discurso de un presidente en ejercicio. Son algo más que formalidades. Digo esto porque me suena impropio, aunque sea cotidiano, escuchar de un presidente discursos que tienen el propósito deliberado de decir lo que quieren oír los convocados. Se descuida que, siendo presidente de todos y hablando en cadena nacional, van a ser muchos más los que lo escucharemos.
En concreto, hablo de ese discurso del 11 de octubre en el llamado Congreso Constituyente de la Clase Obrera. Allí, ante obreros afines a la revolución, lanzó una descarga de desprecio gratuito: creo más en los consejos de la clase obrera que en los consejos de mil intelectualoides que jamás han construido ni han vivido el trabajo de todos los días… El adjetivo despectivo intelectualoide, según el diccionario, se aplica a la persona que pretende parecer intelectual o muestra rasgos que parecen de intelectual sin serlo…
 
No dudo que tales personajes existen, pero, al no hacer ningún gesto que permitiera salvar de ser desechados como despojos, a los que de verdad tienen como trabajo el desarrollo del pensamiento y la reflexión, se queda uno con el desconcierto que genera el hecho de que un jefe de Estado piense que esos trabajadores del pensamiento no tienen nada que hacer en la construcción de la sociedad, que además, se pretende diferente a las existentes.
 
Y el jefe del Estado, continuó tratando de embelesar a su auditorio: es el momento que la clase obrera tome el poder político en el proceso de conducción… Y amenazó con un plan B: es bolivariana, pero, pudiera ser bolchevique… La verdad es que por viejo y por marxista ese condicional simple no me produjo ningún encantamiento, hace mucho tiempo dejé de comprar espejitos “izquierdosos” (para copiar la onda despectiva). Ya padecimos lo necesario al darnos cuenta que la revolución bolchevique había muerto con Lenin, siete años después de tomar el poder. Y más aún hemos sufrido con todos los indicios que tenemos de que la revolución comunal, que era la de Chávez, murió con él.