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360 Habitantes > sábado, 11 de agosto de 2018
Los compositores de Maelo Por Irvin García
 
 
 
Lo comprendí tarde, pero lo comprendí, para hablar de la leyenda musical que representa la figura de Ismael Rivera hay que trazar una línea en el cuadro de su vida artística, hacer balance en la misma y mirar a ambos lados para entender que en ese despliegue hay un ‘antes’ y un ‘después’. A un lado del paisaje está el sputnik subiendo hasta los límites de nuestra atmósfera, ocupado por un bonche de negritos en primera clase y la cara de Ismael Rivera asomada por una de las ventanillas tratando de digerir el paisaje que se le escapaba de manera vertical. Al otro lado el movimiento se percibe más lento y pesaroso, el camino terrenal lleno de obstáculos, miedos y fantasmas, en búsqueda constante de un pasaje que le lleve a la plataforma de lanzamiento de un cohete Apollo con destino allende la atmósfera terrestre.
 
 
Hay una imagen del ‘antes’: un mulato bonitillo con el pelo alisaíto, la ropa bien “filoteá”, los zapatos brillaítos y la cara bien “afeitá”. Ésa es la imagen del Ismael Rivera cantante del combo de Cortijo. Y hay una imagen del ‘después’: un mulato con el pelo al natural, vestido como la gente de a pie, con una barba estilo ‘tornasol’ que va cambiando de colores y una voz que se ha echado encima todas las penurias y alegrías de su gente negra. Así como la imagen que distingue al uno del otro, el de ‘antes’ y el de ‘después’, así las canciones lanzadas al aire también conformaron las siluetas ‘anterior’ y ‘posterior’ de este cantor de leyenda.
Los compositores de “Maelo” mientras fue cantante del Combo los tuvo que compartir con su compadre Rafael Cortijo. El material de que estaban hechas las canciones de esa etapa resudaban alegría, fiesta, vacilón y orgullo patrio al llevar la música de la africanía boricua al salón de baile. Allí estaba la plena y la bomba de Don Rafael Cepeda en el Bombón de Elena y Juan José, la Maquinolandera y Las ingratitudes, de su madre Margarita Rivera y El chivo de la campana de Rafa Cortijo. El negro bembón Bobby Capó y el Ding dong de Catalino “Tite” Curet Alonso, canciones que dan comienzo a una relación entre compositores e intérprete que cruzará horizontalmente la línea divisoria entre el ‘antes’ y el ‘después’. Oiga, no se puede dejar atrás a “Maelo” el compositor. De su inspiración son las canciones Simbad el marino, La libertad eres tú, Bomba’e, Aquí estoy ya llegué, los Vaqueros y Lejos de Ti. Éstas y muchas otras por el estilo caracterizaron la propuesta del Combo de Cortijo en la voz de Ismael Rivera hasta el año 1962, cuando la espada de la justicia detiene la fiesta de pueblo que había desatado el binomio de “Rafa” y “Maelo”. Cuatro años y pico después se juntan y tratan de echar a andar el tren que se llevó a “Perico” el sordo por el medio, pero la espada seguía agrandando la herida hasta que el binomio ya no fue más. Cada uno tomó su rumbo. “Rafa” se quedó en la Isla, pero “Maelo” alzó vuelo hacia los nuevayores que le sirvieron de escenario al ‘después’ de su historia.
La figura que Ismael Rivera se construye en Nueva York es una muy distinta a la del bonitillo jodedor que había construido en Puerto Rico. La imagen de sabio callejero, tipo reflexivo y maestro del soneo la construyen las canciones que él decide cantar producto de unos compositores que le apoyan incondicionalmente y que creen que “Maelo” se merece un espacio propio en el boom de la música latina neoyorquina de finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado.
La historia del mejor sonero de todos los tiempos está contenida en la discografía que dejó a su paso. Las manos de Bobby Capó, Tite Curet Alonso y Javier Vásquez, entre otros, proveen el material sobre el que Ismael soneará su leyenda. Ismael Rivera y sus Cachimbos, Lo último en la avenida, Traigo de todo, Esto es lo mío, El sentimiento del Sonero Mayor, Oro y Feliz Navidad son algunos de los títulos de los discos grabados en la Ciudad de los rascacielos. También esta el disco grabado con Celia Cruz y la Orquesta de Tito Puente, así como las grabaciones que hiciera con el sello que fue su competencia, Fania.
Dígame usted si El Incomprendido, Ella no merece un llanto, Sale el sol, Las Tumbas, Qué te pasa a ti, Quiero a mi pueblo, Si te cojo, Si yo pudiera y El Niche, canciones todas inspiradas por Bobby Capó no le van dibujando el perfil legendario de nuestro “Maelo”. Por otra parte dígame también si las siguientes inspiradas por Tite Curet no van completando el cuadro que quiero mostrarle; De todas maneras rosas, Las caras lindas, La Perla, Valió la pena esperar, La oportunidad, Profesión esperanza y Mi música. El Sonero echa mano también de compositores anteriores a su generación, –como lo son Plácido Acevedo y Pedro Flores–, para comunicar las inquietudes románticas y espirituales que guían su camino. En acetato quedaron grabadas Dueña de mi inspiración, Carimbo, Angélica y Comedia de Don Plácido, y Orgullosa, Traigo de todo y Mañana es domingo de Don Pedro. Para el ritual de los cuerpos, el baile, el pianista de Los Cachimbos Javier Vásquez le compuso Soy Feliz, No soy para ti, Traigo salsa, Suave, Witinila, Me tienes loco y Mi son sabroso. Otros compositores como Henry Williams que le compuso El Nazareno, “Chiquitín” García, Johnny Ortiz, Don Felo, Carlos Suárez, entre otros, aportaron al repertorio que inspiró la leyenda del Insuperable Sonero de soneros, el mayor en idiosincrasia, Ismael “Maelo” Rivera.
 
Entre todos los compositores escojo a dos cuyas canciones se acercan más al sonero de carne y hueso que muestran las imágenes de un Ismael descamisado bailando bomba descalzo en las arenas de Loiza y al mismo descamisado cargando el féretro de su amigo de vida, Rafael Cortijo, desde el residencial Lloréns Torres hasta el cementerio de Villa Palmeras. A estos, Bobby Capó y Catalino “Tite” Curet Alonso, les llamo los compositores de “Maelo”. ¿Qué me dice?