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360 Habitantes > martes, 31 de julio de 2018
Crónica a un año de mi elección con Vladimir Villegas en Unión Radio por Néstor Francia
 
 
 
Me dio inmenso gusto saludar a mi buen amigo Vladimir Villegas en la sala de espera de Unión Radio mientras aguardaba para la entrevista que me hizo minutos después. Nos dimos un abrazo cálido, sincero, de venezolanos que se respetan más allá de las naturales diferencias de pensamiento que puede (y debe) haber entre seres humanos. Con Vladimir siempre tuve una excelente relación personal, desde los tiempos en los que trabajábamos juntos en VTV, él como presidente del canal y yo como miembro de la Junta Directiva. Hombre inteligente, excelente periodista y, lo que pondero altamente, con buen humor. En fin, después de ese grato momento, nos dimos a la entrevista, que creo ambos disfrutamos muy relajados y de buen talante.
En la entrevista me referí a varios temas, acicateado por los dardos precisos con los que Vladimir me desafiaba. Presento un resumen de mis opiniones en torno a los temas que abordamos el día 30 de julio pasado, una forma muy peculiar y apropiada para mí de celebrar un año de haber sido electo Constituyente, después de haber compartido en la mañana, en la Plaza Bolívar, con mis muy queridos mozos y mozas de la ANC y con el pueblo que me solicitaba ayudas y me extendía papelitos demandantes, acaso creyendo en verdad que este frágil mortal es plenipotenciario.
Primero que nada dejé en claro mi condición de chavista cultural, en el sentido de que asumo los grandes cambios de actitud que promovió Chávez en Venezuela, tales como el sentido de inclusión social, la propuesta de un mundo pluripolar y el fin de la hegemonía unilateral, la idea de una democracia participativa y protagónica, los valores de honestidad y otros. Al mismo tiempo establecí mi posición de que en la actualidad los seres humanos deben abjurar de cualquier sistema cerrado de ideas y abrir la mente hacia todas las posibilidades creativas. Recordé los cambios paulatinos que se fueron dando en las ideas del propio Chávez, que no era un hombre dogmático.
Vladimir inquirió sobre por qué hacer cambios en una Constitución (la del 99) cuyos postulados principales no se han realizado. Yo respondí con mi opinión de que sí debe haber cambios, y plantee una vez más el tema del Estado disfuncional que padecemos, con su estructura paquidérmica e inoperante. Allí volví, a grandes rasgos, sobre mi propuesta de transformar el poder local, prescindiendo de la funesta y vetusta figura del alcalde, que a menudo termina gobernando con amigotes y conmilitones y desecha la participación de los ciudadanos que deberían ser el objeto y el sujeto de la gestión municipal. Yo propongo instaurar una estructura piramidal con instancias sectoriales y parroquiales activas del Poder Popular que tuviese en su ápice un Consejo Municipal Popular en forma de gobierno colegiado con presidencia anual rotativa. Vladimir replicó que nada garantiza que esa fórmula puede ser mejor que la actual. Le di la razón en el sentido de que no puedo saber si va a funcionar mejor, pero que en todo caso difícilmente podía ser peor que la estructura que tenemos en la actualidad.
Luego habló del problema de la mala gestión de las empresas que fueron puestas bajo control obrero, cosa que es reconocida por el propio Gobierno. Yo señalé que se debe trabajar con el método  de ensayo y error, correr riesgos, no se puede permanecer estático, pues no existe una fórmula infalible para gobernar, nadie la tiene. Pero el problema es que nosotros no evaluamos suficientemente lo que hacemos, los venezolanos en general no practicamos la evaluación como método. No puedes poner algo nuevo en práctica y dejarlo después que se quede así de su cuenta por mucho tiempo, debes meterle el ojo, con intervalos cortos, cada tres meses por ejemplo. Si en Venezuela ensayamos cosas nuevas, no podemos dejar pasar cinco años para evaluar y después decir “pusimos la torta”. Ese error se ha cometido y debe ser corregido.
Vladimir me preguntó qué espero yo del Congreso del PSUV. Lo primero que le dije es que me he ido acostumbrado a no esperar mucho de nada, sin embargo es mi deseo que ese evento produzca al menos un par de cosas positivas para el país, no espero que sea perfecto ni que salve al mundo.
Le confesé también que a mí en general no me gustan los partidos, ni siquiera me gusta mucho el nombre “partido”, porque de por sí significa que representa solo a una parte de la gente, y que los considero sectarios por naturaleza (Nota al margen: no es nada nuevo, lo escribí así en el año 2000 en el libro de mi autoría “Antichavismo y estupidez ilustrada”, esa fue una de las razones por las cuales los cubanos no lo editaron, después de ofrecerse para publicarlo en toda América Latina). Referí además que mi mente disparatada y febril difícilmente puede adaptarse a la disciplina partidista. De todas formas, añadí, espero que el Congreso del PSUV lo haga lo mejor posible, que aporte algo, que ofrezca algunas soluciones para el país.
Vladimir mostró su desacuerdo con que el Congreso del PSUV se haya iniciado en el Panteón Nacional, piensa que ese debería ser un espacio para todos los venezolanos. Después de mostrar mi acuerdo con que todos los espacios deben ser para todos, agregué que los grupos humanos suelen tener liturgias, rituales, es normal, todos las agrupaciones los tienen.
Opiné que ojalá que el Gobierno proponga y adelante las soluciones para el país, porque es quien puede hacerlo. En Venezuela no hay contrapesos, no hay oposición, esta está pulverizada, atomizada. Aseveré que eso no es bueno, que debería haber contrapesos y que me hubiera gustado ver a algunos adecos en la Constituyente, sería más interesante ese foro si se presentara más controversia. Me pregunté: ¿qué ha logrado la oposición al no participar en elecciones? ¡Que todo el poder recaiga en un solo factor político!
Aquí Vladimir señaló que yo vengo de un partido (El PRV-FALN) que promovió la abstención militante y me preguntó sobre qué balance hacíamos después de tomar esa decisión. Yo le respondí textualmente “¡Cómo qué balance, tú estás en cuál país!”. Esa política de abstención no sirvió para nada pero los venezolanos no hacemos balances, no evaluamos lo que hacemos. Además, ese era un partido verticalista. Vladimir expuso que el PSUV también es verticalista y yo estuve de acuerdo (Segunda nota al margen: según algunos, eso de consultas y debates y elecciones por la base es en realidad una cosa controlada desde arriba, muchos militantes se quejan ante mí de la forma en la que fueron seleccionados los delegados al Congreso, y en ello incluyo a Constituyentes). Sin embargo aclaré que los partidos en general, en todas partes, son verticalistas, no es una exclusiva del PSUV, porque ello se vincula a una concepción universal del Estado. No es que alguien quiera que sea así, es lo que defino como traumas históricos, atavismos. El verticalismo existe en todo el mundo y es una forma que los sectores gobernantes han practicado desde hace siglos. Yo parafraseaba en un Congreso Mundial de Filosofía la famosa frase neoliberal que reza “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario” y decía “tanta participación como sea posible, tanta representación como sea necesaria”. Tiene que haber un mayor nivel de horizontalidad, que no lo hay en ninguna parte, aunque tiene que haber igualmente un nivel limitado de representatividad.
Vladimir mostró su preocupación por aquellos ciudadanos que se pueden sentir excluidos porque no comulgan con el chavismo y porque creen que no pueden transitar por algunos espacios o que creen que sacar el  carnet de la Patria podría significar alguna forma de sumisión al poder gobernante. Yo entiendo esa preocupación, la creo válida, pero traté de explicarla apelando al alto grado de polarización a la que en algún momento llegó la sociedad venezolana. Puse un ejemplo con respecto a mi situación porque escribo artículos críticos. Me llegan al correo mensajes de gente que se identifica como chavista y me insultan y me dicen que salte de una vez la talanquera. Pero esa es una minoría. La mayoría de los chavistas son gente tolerante, amable, así difieran de uno, los quiero mucho. Igualmente la mayoría de los opositores no es intolerante (Tercera nota al margen: todos los estudios serios revelan que al menos el 80% de los venezolanos se pronuncian por el diálogo y la paz. Todo el mundo sabe que la mayoría del pueblo opositor no apoyó las guarimbas y esa fue una de las principales razones de su fracaso).
A estas alturas me referí a que con personas de nuestra comunidad, algunos hemos fundado un grupo que denominamos de Gestión Popular, con un solo objetivo: trabajar para que las propuestas de la comunidad de nuestra parroquia puedan llegar a instancias decisorias del Estado. Vamos a convocar reuniones no para hablar de política ni para salvar al país o a la Humanidad, sino para ayudar a resolver problemas cotidianos que nos son comunes, como el transporte, la seguridad y otros. Allí no vamos a preguntar a nadie de qué partido es ni qué carnet tiene. Lo primero que tenemos que hacer es transmitir una imagen de amplitud, dejar las discusiones políticas para otros espacios y abocarnos a contribuir con soluciones concretas que beneficien a todos. Es más fácil incorporar a las personas a la solución de sus problemas específicos que incorporarlas con los temas de la “gran política”, pues se ha dado en Venezuela una situación en la que desde el punto de vista estratégico hay ideas muy difíciles de conciliar, pero hay cosas en la que la gente se puede poner de acuerdo. Yo por ejemplo estoy proponiendo un Congreso Nacional de Economía donde vayan todos los actores de la economía, desde Fedecámaras, Lorenzo Mendoza, los banqueros, hasta los conuqueros, los comuneros, entes del Estado, y que la gente sepa de qué están hablando. Ahí podrían pasar varias cosas, como por ejemplo alcanzar unos acuerdos mínimos para destrancar algunos nudos de la economía e intentar favorecer las soluciones a algunos problemas. No para ponerse de acuerdo en todo, lo cual no puede ser porque las estrategias son muy diferentes. Ahora, para eso hay que tener una  mente abierta, desechar los dogmatismos económicos, los del neoliberalismo y los del chavismo. Ojalá que aquí se acabaran todos los dogmatismos y buscáramos la manera de favorecer a la mayoría y aliviar esta dura situación que vivimos. En realidad, estas propuestas de diálogo no son mías, todo el mundo las hace en el país (Cuarta nota al margen: alguien dirá: ¡Horror, este propone dialogar con la burguesía! ¡Pero si nos estuvimos reuniendo de los más modositos con gente como Luis Florido y Julio Borges, en diálogos de políticos que para mí nunca tuvieron posibilidad alguna de ser provechosos!)
Vladimir me preguntó si estas propuestas mías han sido escuchadas y yo le confesé que a veces me siento como el hombre invisible, que nadie me ve ni me escucha.