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360 Habitantes > sábado, 14 de abril de 2018
¿Qué dicen las encuestas sobre la situación política en Venezuela?... Por Eugenio Martínez
 
 
 
Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, Saúl Cabrera, socio-director de Consultores 21, y Félix Seijas, director de Delphos, presentaron los resultados de sus encuestas en el foro organizado por Ecoanalítica el 12 de abril de 2019. Desesperanza por el futuro, dudas sobre participar el 20 de mayo aumentando la probabilidad de triunfo de Nicolás Maduro, pérdida de la credibilidad en los liderazgos políticos y ausencia de explicaciones claras sobre la estrategia que debe asumirse después de las elecciones presidenciales fueron algunos de los temas que discutieron los encuestadores.
 
¿Existen venezolanos optimistas sobre el futuro?
 
Según Cabrera, en la medición que la empresa realiza sobre el estado de ánimo de los ciudadanos, se evidencia que desde la toma de posesión de Maduro (abril de 2013) la percepción del clima de la nación ha caído hasta su mínimo histórico. De acuerdo a este estudio, ocho de cada diez personas creen que el país va mal y que este año es peor que el anterior. Éste es el indicador más bajo que ha registrado la firma en 20 años. Sólo durante los años 2002-2003 se experimentó una percepción similar, aunque tal percepción mejoró sostenidamente desde el referendo revocatorio presidencial del año 2004 y se mantuvo estable (en valores positivos) hasta la muerte del presidente Chávez.
 
En este momento, la desesperanza es el común denominador del venezolano: el 69% de los ciudadanos dicen estar enojados, desilusionados, angustiados, desesperados o asustados, mientras que apenas el 29% describe su estado de ánimo positivamente diciendo que son optimistas o que están agradecidos, tranquilos, entusiasmados o satisfechos.
 
En su exposición, Cabrera explicó que ocho de cada diez venezolanos piensan que su situación económica y la de su familia, así como la del país, es mala, y que ha empeorado en comparación al año anterior.
 
Incluso, las perspectivas a futuro no son alentadoras. Más de la mitad de los ciudadanos cree que la situación empeorará en los próximos seis meses. En este sentido, Cabrera destacó que el 71% de los ciudadanos descarta que la crisis económica (el principal problema personal y del país) pueda resolverse.
 
Los datos del director de Delphos no difieren de los presentados por Cabrera. Según Félix Seijas, el 85% de los venezolanos considera que la situación es negativa, mientras que en el grupo que la describe positivamente, el 12% dice que la situación es sólo “regular hacia buena” (el grupo que describe la situación del país positivamente está constituido en su mayoría por quienes se dicen chavistas).
 
¿Cómo se pueden resolver los problemas del país?
 
De acuerdo con Consultores 21, ocho de cada diez venezolanos piensan que la situación es lo suficientemente grave como para que el gobierno acepte la ayuda humanitaria que han ofrecido otros países. Los datos de Cabrera reafirman que los ciudadanos están convencidos de que en el país existe una emergencia humanitaria: la mitad de los venezolanos declara que no pueden pagar los alimentos, aún cuando los consigan.
 
Además, cuatro de cada diez ciudadanos sostienen que comen menos de tres veces al día, mientras que nueve de cada diez aseguran que no logran conseguir los medicamentos o insumos que necesitan. Por otra parte, en los datos de Delphos se concluye que el 45% de los venezolanos comen sólo dos veces al día, mientras que el 10% reconoce que lo hace sólo una vez por día.
 
¿Quién es el responsable de los problemas?
 
Según los datos de Consultores 21, dos tercios de la población piensa que la causa de la crisis económica es la mala gestión del Gobierno. En su exposición, Cabrera aseguró que siete de cada diez venezolanos evalúa negativamente la gestión del presidente Maduro. La región que peor describe la gestión del jefe de Estado es la central, donde ocho de cada diez personas la evalúan como mala, mientras que la región capital es donde Maduro sale mejor posicionado, al ser su gestión valorada positivamente por cuatro de cada diez personas. La mala gestión de Maduro alienta a que el 73% de los venezolanos piense que se necesitan nuevos liderazgos en el país.
 
Según los datos presentados por el director de Deplhos, entre el presidente Maduro y el sistema de gobierno suman el 65% de los señalamientos como causantes del colapso del país. En este grupo se encuentra un 90% de opositores y un 70% de independientes.
 
¿Chávez  versus Maduro?
 
En su intervención, Luis Vicente León explicó que este año ha comenzado la “madurización” de la Revolución,  en un intento del presidente por alejarse del peso del recuerdo de Chávez. León aseguró que la pérdida de popularidad de Maduro (desde 2013) es mucho mayor a la pérdida de popularidad de Chávez.
 
Aún hoy, casi la mitad del país valora positivamente la gestión que tuvo Chávez, mientras que sólo el 25% respalda la gestión de Maduro. La “madurización” implicaría más radicalización política, aumento de la represión y reducción de las pocas garantías democráticas que se mantienen en el país, según León.
 
Los números de Seijas agregan argumentos a la necesidad de Maduro de marcar distancia del recuerdo de Chávez. El 42% de los venezolanos dice que con Chávez se vivía mejor y sus períodos de gobierno representan los referentes de “normalidad” para un sector relevante de la población, mientras que un 43% asegura que la calidad de vida era superior antes de la llegada de Chávez al poder. Apenas un 5% sostiene que con Maduro se vive mejor.
 
¿Avanza el control social a través del Carnet de la Patria?
 
Siete de cada diez venezolanos dicen tener el Carnet de la Patria según los estudios de Consultores 21. A través de este mecanismo, cuatro de cada diez dicen recibir ayudas económicas (a través de los distintos bonos que otorga Maduro) y tres de cada diez sostienen que reciben regularmente las cajas CLAP.
 
¿Se quiere ir el venezolano?
 
Este punto fue abordado ampliamente en la exposición del director de Datanálisis, Luis Vicente León. El 34,7% de los ciudadanos sostiene que ha considerado marcharse de Venezuela. En este grupo se incluye un 10% que se dice chavista, un 34% que se califica como independiente y un 53% opositor.
 
Aunque manifestar el deseo de marcharse no implique concretar el trámite, León recuerda que después del 20 de mayo puede observarse la tercera ola migratoria de los últimos 20 años. La primera ocurrió al inicio del gobierno de Chávez y consistió en su mayoría en inversionistas y tenedores de capital. La segunda ola migratoria se presentó después del referendo revocatorio del año 2004, constituida en su mayoría por profesionales y ciudadanos que aportan al PIB, mientras que este año se producirá la salida de quienes integran la base de la pirámide social del país y están dispuestos a salir “por donde sea y como sea”.
 
Según León, el 7% de la población emigró en los últimos 20 años, mientras que se estima que en los próximos tres años intentará abandonar el país entre el 15% y el 20% de la población, lo que pudiese generar un impacto entre el 3% y 5% del PIB.
 
¿La gente quiere votar?
 
Según Saúl Cabrera (Consultores 21), la necesidad de un cambio de gobierno la comparte la mayoría de la población en una relación 2 a 1 porque entiende que es un requisito indispensable para cambiar su situación económica.
 
Además, los ciudadanos aspiran a que este cambio ocurra rápidamente, aunque no tienen claridad acerca de la vía para lograrlo. Según los datos de Consultores 21, para la mayor parte de los ciudadanos lo menos traumático sería que Maduro renunciara (el 70% lo avala), pero ante la dificultad de esta opción la gente pide que las diferencias se diriman democráticamente.
 
“En democracia, esa mayoría generaría un cambio en cualquier país del mundo”, sostiene Cabrera. No obstante, “el caso venezolanos es distinto”.
 
Para desarrollar su argumento, Cabrera explica que siete de cada diez venezolanos piensan que es mejor votar que abstenerse y no están de acuerdo con que se llame a la abstención en las elecciones. Sin embargo, cuatro de cada diez electores sostienen que el fracaso en las elecciones regionales se debió a un fraude del CNE.
 
Si sólo se analiza la opinión de quienes se dicen opositores (los que menos están dispuestos a participar) destacan los siguientes números:
 
Nueve de cada diez opositores no confían en que el actual CNE garantice elecciones libres.
Ocho de cada diez opositores creen que “dictadura no sale con votos”.
Tres cuartas partes creen que el voto sólo funcionará si se acompaña con protestas de calle.
Dos tercios de los opositores aseguran que seguirán votando aunque les hagan trampa.
¿Falcón está ganando en las encuestas?
 
La conclusión básica de Cabrera, Seijas y León es que en una elección sin barreras, con el actual entorno de opinión pública, un aspirante opositor de unidad debería obtener la mayoría de los votos. Aunque admiten que después comenzaría el debate sobre si es suficiente o no obtener la mayoría de los votos para que se reconozca el triunfo.
 
No obstante, para un sector muy importante de los ciudadanos, no existen las condiciones mínimas para que la elección sea percibida como justa  y condicionan el análisis sobre la disposición a votar y las probabilidades de triunfo de quienes adversan al jefe de Estado.
 
Según los datos de Consultores 21, si se considera la opinión de todos los electores potenciales (sin discriminar por su intención a participar), un candidato de unidad opositor (Cabrera no presentó datos donde se mencionara específicamente a Falcón) obtendría un 55% de los votos, mientras que Maduro obtendría el 30%. Una diferencia de 25 puntos porcentuales. No obstante, ése no es el escenario más probable en este momento, marcado por la percepción o dudas que genera el sistema electoral.
 
En unas elecciones donde la mayoría de los electores se consideren confiables, la participación pudiese ser superior al 63% de los electores inscritos. En este escenario, un candidato opositor obtendría el 50% de los votos y el aspirante oficialista capitalizaría el 35%. Una diferencia de 15 puntos porcentuales.
 
Sin embargo, el proceso del 20 de mayo no es percibido como confiable por buena parte de los opositores e independientes. En este sentido, si sólo se considera la opinión del 36% que dice estar en este momento muy dispuesto a votar (mayoritariamente quienes se dicen chavistas), el candidato oficialista tendría el 56% de los votos y el aspirante de oposición capitalizaría el 41%.
 
Esta ventaja pudiese ser superable si la mayoría de quienes dudan en participar cambian su percepción.  En este sentido, Cabrera sostiene que el 72% del segmento que no quiere votar, si decidiese participar, pudiese  apoyar a un candidato opositor.
 
Al igual que Cabrera, el director de Delphos afirma que en una elección sin barreras competitivas, en un escenario polarizado, con sólo el 20% de abstención y considerando la opinión de todos los votantes potenciales, un candidato de unidad de la oposición (no mencionó directamente a Henri Falcón) capitalizaría el 66% de los votos, mientras que un aspirante oficialista sólo lograría el respaldo de un 33% de los electores.
 
Sin embargo, Seijas recalca que para que este escenario exista, deben vencerse dos barreras fundamentales entre los votantes opositores e independientes: 1) la desconfianza en el poder del voto y las condiciones electorales y 2) la desconfianza en el liderazgo opositor.
 
Si se pregunta a los ciudadanos si vale la pena votar con el actual CNE (sin cambios en las condiciones), sólo el 45% responde afirmativamente.
 
Por otra parte, Seijas explica que es necesario vencer las dos estrategias básicas del Gobierno para ganar: presión a los dependientes de las ayudas sociales, especialmente las bolsas CLAP, promoción de la abstención opositora generando frustración en los votantes, percepción de que el voto no tiene valor, imagen del liderazgo opositor y abstención mecánica (cierre de centros, fallas de máquinas, etc.).
 
Según Seijas, en este momento las barreras que rodean a la elección provocan que sólo esté muy seguro de votar el 51,4% de los electores. Entre este grupo, Falcón pudiese obtener el 30% de los votos, mientras que Maduro alcanzaría el 42%. En tal escenario, el pastor Javier Bertucci capitalizaría el 12% de los sufragios.
 
Según el director de Delphos, si Falcón logra generar una percepción real de triunfo, la mayoría de los votos de Bertucci pudiesen migrar a él colocando la proyección (de un evento sin condiciones) en empate técnico. La duda en este escenario es la capacidad de Falcón y su comando para reclamar el triunfo.
 
Para Seijas la verdadera batalla sobre el 20 de mayo gira en torno a la “legitimación o deslegitimación del bloque de poder”. Y esta batalla pasa por los resultados de participación que anuncie el CNE.
 
Para Luis Vicente Léon, la disyuntiva entre votar o no constituye “un falso dilema”, porque lo relevante es la unidad y la estrategia en torno a la decisión de participar o no. En su exposición, sostuvo que ninguno de los dos grupos en que se divide la oposición ha sabido explicar cuál es su hoja de ruta después de los comicios del 20 de mayo.
 
Aunque León reconoce que la acción internacional es la única amenaza que tiene la oposición frente al Gobierno venezolano, lamentó que “sólo se juega a esto” y descartó que Maduro sea legitimado como mandatario por la participación de la oposición. Así mismo, recordó que independientemente de lo que ocurra en la elección, el riesgo de implosión en el oficialismo es inminente.
 
Para el director de Datanálisis, “el 75 % de la oposición quiere cambio de presidente, pero una buena parte de ese grupo no quiere votar y eso afecta a la opción Falcón. Si la gente vota en estas elecciones, el candidato de oposición podría ganar”.
 
En su exposición recordó que la popularidad de Maduro sigue oscilando entre un 20% y un 25% (la mitad que tenía en 2013), y aunque exhibe mejores números que Michel Temer (Brasil), Juan Manuel Santos (Colombia) o Enrique Peña Nieto (México), en este escenario es impensable que gane una elección normal, “salvo que la oposición no vote, o que la elección no sea competitiva”: dos variables que en este momento están coincidiendo y provocan que entre los electores muy dispuestos a votar no existan diferencias significativas entre la intención de votar por Falcón o por Maduro.
 
A pesar de la percepción mayoritaria de falta de condiciones, León descarta que Falcón retire su candidatura (como prometió al momento de inscribirse) “porque él ganará, incluso perdiendo la elección”.