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360 Habitantes > jueves, 05 de abril de 2018
Ricardo Hausmann, la dolarización y la Fatal Arrogancia por Luis Henrique Ball
 
 
 
Friedrich Hayek, el primer economista en recibir el Premio Nobel, y Jacques Rueff, el más destacado economista francés del siglo XX, y padre de las reformas que llevaron a la estabilidad monetaria bajo Charles de Gaulle, consideraban las teorías de John Maynard Keynes profundamente equivocadas. Ambos, sin embargo, consideraron siempre a Keynes como un amigo y jamás dudaron ni de la portentosa inteligencia del inglés, ni de sus buenas intenciones.
 
Al analizar el reciente artículo del profesor Ricardo Hausmann, uno de los venezolanos que más se ha destacado fuera de su patria, tuve una sensación seguramente similar a la que tuvo Hayek cuando leyó la Teoría General del Desempleo, el Interés y el Dinero, la obra magna de Keynes. Uno admira al autor, pero lamenta las conclusiones erradas.
Este análisis de Hausmann sobre la situación venezolana actual es, indudablemente, acertado:
Si el problema principal de la economía venezolana es la escasez de divisas para importar, la solución pasa por aumentar sustancialmente esa disponibilidad. Esto requiere una reestructuración profunda de la deuda externa con un recorte drástico de su valor y una posposición de pagos. Eso mejoraría la disponibilidad de divisas a corto plazo y nos haría más solventes y, por tanto, más atractivos como lugar para invertir o prestar. Pero, como esto no alcanza, necesitaríamos una inyección muy grande de recursos financieros provenientes de entes multilaterales liderados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el cual es visto por todos los demás actores globales como el líder en el manejo de crisis macroeconómicas y financieras. Además, para poder tener, a mediano plazo, más disponibilidad de divisas necesitaremos mayores ingresos petroleros y eso requerirá abrir el sector petrolero a la inversión privada sin que PDVSA sea dueña del 50%, pues eso limitaría la inversión a lo que ésta pueda cofinanciar. Dado el desastre gerencial, operativo y financiero de PDVSA, esto es poco o nada.
 
Hausmann está en lo cierto cuando señala que los salarios venezolanos medidos en dólares representan entre 2% y 1% de los salarios normales de los países vecinos. También señala, correctamente, que si se dedicara el 100% de la recaudación fiscal no petrolera del país para pagar salarios de empleados públicos y pensionados, el monto solo alcanzaría para pagar entre $9 y $30 dólares mensuales a las tasas de cambio actuales.
 
Lamentablemente, Hausmann decide analizar los efectos de la dolarización de forma estática y aislada, mientras sugiere que otra alternativa monetaria – no nos dice cual – sería aplicada en el contexto de un conjunto de medidas complementarias que atraerían inversiones al sector petrolero, generarían el apoyo de FMI y otros organismos multilaterales y que al final generarían mayores divisas para importaciones.
 
Por alguna razón, que no explica, Hausmann opina que con la dolarización no vendrían inversiones extranjeras al sector petrolero ni se conseguiría el apoyo del FMI, ni se lograría la renegociación de la deuda externa. Estas suposiciones son realmente extrañas. ¿conoce el lector algún empresario que prefiera invertir en un país donde el valor de la moneda está sujeto a las decisiones de un banco central latinoamericano vs otro país donde la moneda de curso es el dólar de EEUU?
 
En igualdad de condiciones cualquier inversionista preferirá invertir en el país dolarizado, como la mayoría de los inversionistas en un pasado reciente preferían invertir bajo el duro e inflexible Bundesbank alemán en lugar de arriesgarse con el siempre muy flexible y acomodaticio Banco de Italia.
 
Hausmann explica muy bien el problema de la destrucción del salario de los venezolanos, hace una relación estática de la masa monetaria vs la disponiblidad de divisas, y llega a la conclusión que bajo la dolarización los salarios se mantendrían pauperizados. Sin embargo, no explica como con otro sistema monetario la situación fuese distinta.
 
Lo que no dice Ricardo es que cualquiera que fuese el sistema monetario escogido, el punto de partida sería el mismo. Es decir, esos salarios pauperizados existirían bajo cualquier sistema monetario escogido para el arranque de una reforma.
 
Hay, sin embargo, una gran diferencia entre un proceso de reformas que incluya la dolarización y otro donde se establezca una nueva moneda: con la dolarización, la inflación se detendría de forma inmediata y la confianza en los medios de pagos retornaría también de forma inmediata. Esto algo que ninguna reforma que incluya la continuada existencia de una moneda emitida por un Banco Central controlado por funcionarios escogidos por el gobierno de turno puede emular.
 
Una reforma alternativa que utilice un tipo de cambio, para una nueva moneda, sustancialmente más alto que la tasa del mercado actual, y por lo tanto logre salarios en dólares muy superiores a los actuales, necesitaría de un flujo de dólares muy grande para mantenerse. Hausmann confía en que ese flujo de dólares sería más fácil de lograr con una nueva moneda, un nuevo gobierno y un nuevo BCV que con el dólar.
 
Si al dolarizar los salarios arrancan pauperizados, igual sería el resultado con la introducción de una nueva moneda, un nuevo bolívar. Las soluciones que a Hausmann se le ocurran para subir el ingreso promedio de la población serían indénticamente aplicables bajo la dolarización. Evidentemente, el profesor de Harvard no puede estar diciendo que en un país dolarizado los salarios no suben.