RSS Facebook Twitter
Noticias de última hora
 
360 Habitantes > domingo, 17 de diciembre de 2017
Graduaciones Letra Fría por Humberto Márquez
 
 
 
Nunca fueron santas de mis devociones. De hecho, de 4 carreras y un master que cursé, me gradué en una, en Letras, y eso de vainita porque la conciencia no me dejaba tranquilo y lo hice como un homenaje póstumo a Papá. Nunca me arrepentí de eso y hasta lo celebro, con título pagan más. Jajaja. Pero era tan irreductible, que ni siquiera fui al acto de grado; al de toga y birrete, porque al “por secretaría” llegué tarde. Fue una larga noche con los poetas Pichardo y Álvaro Montero en casa de “El Largo”, donde vivía Tomás Musset, salsa cabilla y rumbita normal, pero cargaba a mi hijo Marcel, de 3 años tal vez, que me había sido encomendado para que no me echara a perder con los poetas, pero a esa edad ya eran sus amigos, y él fue quien me incitó a seguir la parranda. De eso quedó una foto instantánea, de aquellas polaroid -allá rodó una cédula-, que debe tener Dilcia, su mamá. La foto, digo, la cédula, sigue siendo mía.
Las graduaciones siempre me parecieron insignificantes, ineficaces e insustanciales. No entendía que si uno ya había tomado conciencia de “El conocimiento” y no de las notas, ni el dinero que te ibas a ganar al graduarte, ¿para que te debías graduar? 30 años más tarde lo comienzo a reconsiderar. En realidad, fue antes, cuando mi hijo menor, Vicente, iba en octavo semestre y le comenté que a mí me quedaba un semestre y que me inscribiría para graduarme con él… Nunca supo cuánto le agradezco de salvarme de semejante cursilería. Palabras más, palabras menos, creí entender: “no me vayas a echar esa vaina, papá”. Jajaja.
Hoy, sin embargo, han cambiado mis apreciaciones. El jueves se graduó mi nieto Carlos Gabriel en Negocios. Verlo llegar a la meta me generó una abuelitis aguda; su toga y su birrete cambiaron mis apreciaciones. No solo me hizo abuelo a los 39, sino testigo de su grado a mis 64, eso sin contar que a mi nieta la vi igual en mayo. Además, me hizo pensar que me perdí la foto de la toga en la UCV… Y que me resisto a que me digan viejo sentimental. Por eso, así me maten, voy a desclasificar una historia, así como hace la CIA, 25 años después… Y no podía faltar, hablando de graduaciones.
 
No voy a decir nombres por mi seguridad personal, jajaja. Pero mi hija quedó en estado en quinto año en un colegio “jailoso”, donde era un sacrilegio graduarse preñada, y si no es porque la taparearon con éxito, una profesora de psicología, más 3 de sus mejores amigas, no se graduaba ni de vainita. De las 3, la mejor amiga estuvo presente en la graduación de Carlos Gabriel. Al verla en la ceremonia, solo pude colearme en sus pensamientos: “y este fetico que ayudamos a esconder se está graduando… ¡Qué vaina tan buena! Jajaja.